Una
tarde calurosa del mes de Agosto nació mi primogénito
Andrés Samuel;
ese día fue el mas feliz que Dios me había
dado. Mi bebe nació sano y hermoso y a medida
que fueron pasando los meses evolucionaba como un bebe
“normal”. Mi vida era tranquila y feliz
alrededor del primer año y medio de vida de mi
hijo, notamos mi esposo y yo que la conducta de Andrés
era diferente a la de los demás bebes; pues,
parecía sordo, no pronunciaba palabras, solo
sonidos, era muy inquieto, no respondía a su
nombre, ni obedecía órdenes sencillas,
algo extraño le ocurría.
Mas tarde fue evaluado por un equipo de profesionales
(neurólogo, psicólogo y psicopedagogo)
y fue diagnosticado a los dos años de edad con
AUTISMO Y
ME DIJE AUTISMO? Qué es eso? Porqué?
Cómo? Cuándo le ocurrió? Sentí
que mi vida se acababa lentamente, me acorralaba la
angustia y la tristeza , estaba muy confundida, no sabía
porque mi hijo tenía ese trastorno, la depresión
hacía que sintiera una serie de sentimientos
encontrados (rabia, dolor, odio, culpa, tristeza, angustia
y mucho pero mucho miedo). Hasta que un día me
dije a mi misma, ya basta, debo parar de llorar, con
lágrimas en los ojos no lo voy a ayudar, es tiempo
de comenzar a conocer quien es realmente mi hijo.
Seis meses después
Andrés comenzó a recibir tratamiento en
la FUNDACIÓN PETER ALEXANDER,
aunque aún yo sentía tristeza y preocupación,
comencé a leer sobre Autismo y a buscar respuesta
a todas aquellas interrogantes que me angustiaban; a
medida que Andrés mejoraba y a mi se me iba aclarando
la mente al conocer mejor el mundo del Autismo y por
ende a mi hijo, mi vida comenzó a tornarse diferente;
aun sentía temor de decirle a la gente (médicos,
maestros, vecinos, parientes, compañeros de trabajo)
que mi Andrés tenía Autismo porque el
dolor aún me dominaba.
El tiempo fue trascurriendo,
Andrés seguía recibiendo tratamiento y
yo seguía nutriéndome de conocimiento
acerca del Autismo, el personal de la Fundación
siempre me ayudó en mis momentos de tristeza
y confusión, ellos tenían siempre una
respuesta acertada a tiempo y además el intercambiar
vivencias con otras mamas que al igual que yo llevaban
a la Fundación a sus hijos con Autismo, me llevo
a crecer como ser humano y como
“mamá especial”
Hoy en día siento
como Andrés cambio mi vida, lo conozco muy bien,
puedo percibir y conocer sus angustias, temores y disfrutar
sus alegrías. Mi hijo me ha enseñado que
aunque en la vida no podemos recibir todo lo que anhelamos,
si podemos ser felices y salir adelante victoriosos
conviviendo con los temores y logros de un “hijo
especial” sé que no es fácil
pero tampoco imposible.
Actualmente Andrés
tiene 7 años de edad y además de recibir
tratamiento en la Fundación también esta
integrado en la Escuela Regular y tiene 2 hermanitos.
Aunque todavía
nos queda mucho camino por recorrer y mucho que aprender,
puedo hoy día sentarme y ver la vida desde un
horizonte claro, hermoso y tranquilo, lleno de retos
y satisfacciones. |