Rixio
es el último de mis 5 hijos, nació el
día 4 de Abril de 1980. Aparentemente parecía
un niño normal como cualquier otro, pero al pasar
de los años comencé a ver reacciones diferentes
a cualquier niño de su edad, como por ejemplo
balancearse, no fijar la mirada, no relacionar las cosas
por su nombre, manifestaba agresividad y no toleraba
mantenerse vestido, cosas por las cuales acudí
a un especialista llamado Joaquín Peña
quien dio el diagnóstico de AUTISMO,
me pregunté: “¿Qué es eso?”
y sinceramente en ese momento sentí que rodaba
por un abismo sin salida. “¿Cómo
aceptar esto? ¿Qué hacer para ayudar a
mi hijo?”, eran las preguntas que no paraban de
aparecer en mi pensamiento.
No todo fue evolucionando bien, mi
familia no aceptaba su condición, sus hermanos
lo rechazaban de una manera que no querían que
nadie lo viera porque lo tildaban de “loco”.
Mis vecinos se quejaban porque él todo lo tiraba.
Me sentía triste, tal vez con culpa por pensar
a lo mejor que “yo era la causante de su problema”...
¿Qué hacer...? Solamente le pedía
a Dios que me orientara pero mi frustración aumentaba
cuando estábamos en misa y lo sacaban por su
forma inadecuada de comportarse.
En mi hogar todo cambió, era
necesario protegerlo de todo. Sus hermanos querían
pegarle para corregirlo, mis noches se tornaron largas
y tristes, mi hijo no dormía, no aceptaba mi
cariño ni mis abrazos.
Decidí comenzar a buscar alguna
institución donde trataran personas con este
síndrome. Por recomendaciones, llegué
a CETRO, donde fuimos
atendidos cordialmente. Rixio inició su trayectoria
ahí durante 5 años, con personas capacitadas
que descubrieron la manera de ayudarnos y de que él
empezara a evolucionar favorablemente. Luego nace FUPANAZ
“FUNDACION PETER ALEXANDER PARA NIÑOS AUTISTAS
DEL ESTADO ZULIA” una institución
sin fines de lucro creada por padres, médicos
y terapistas, la cual considero como el segundo hogar
de mi hijo. Gracias a Dios con el transcurrir del tiempo,
con esfuerzo, dedicación y amor, cumpliendo con
su tratamiento médico, asistiendo a sus terapias
en FUPANAZ, mi hijo
ha logrado superar algunas conductas. Hoy día
es aceptado y amado por mis hijos y por toda mi familia.
Eso hace que mi corazón este en paz porque sé
que al faltar yo físicamente
“Mi Hijo Especial” quedará
protegido por sus hermanos en un ambiente de mucho amor.
Solo me queda dar gracias a Dios por
la experiencia que él vive en FUPANAZ
compartiendo experiencias con sus compañeros
y terapistas que lo hacen disfrutar de la vida sabiendo
que es útil y descubriendo sus habilidades y
potencialidades día a día. |